martes 19 de enero de 2010

Esperando al cornopio pequeño

Les comunico a todos ustedes, queridos amigos imaginarios, que estoy en el proceso de adopción de un bebé. Por algún motivo que aún no alcanzo a comprender, decidí que este era el mejor momento de mi vida para tomar esta decisión. No es que me sienta sola. No es que me haga falta. Simplemente es.
Así que por ahora no quiero pensar mucho en eso, pero también quisiera ir preparándome y comprando las cosas necesarias para su llegada que espero sea pronto.
Compraré una pequeña cama acolchonada, aunque es muy probable que duerma conmigo los primeros días. Él decidirá.
Llevo tiempo con este deseo y me siento muy feliz de por fin estar próxima a cumplirlo.
No tengo instinto maternal, así que espero que pueda desarrollarse de alguna manera en la próxima temporada.
Está será una nueva etapa en mi vida, en la que pondré a prueba mi responsabilidad al encargarme de alguien que no sea yo. Estoy emocionada por eso. También porque tengo planeado romper con mi tradición de saturar mi horario hasta el límite de lo insano y tener un poco más de tiempo para cumplir bien con todo y estar un poco más en mi casa.

En cuanto existan, subiré fotos.

Los quiero a todos,
Carolina

martes 29 de diciembre de 2009

Random

Puedo comer sopa infinitamente.
Me aprendo los diálogos de las películas y series que me gustan.
Me gusta mucho el agua natural.
Pienso que los gatos son los mejores animales.
Mi juego favorito de nintendo cuando estaba en la primaria era el bomberman.
Siempre quise hacer angelitos en la nieve y cuando los hice por primera vez no fue como esperaba.
Me gusta pensar en diálogos inteligentes y respuestas ingeniosas que le daría a la gente.
Tiendo a no preocuparme casi por nada.
Me mordí las uñas por mucho tiempo y a veces, cuando estoy muy nerviosa, caigo de nuevo.
Me sé de memoria casi todo Mafalda.
Me encantan los rompecabezas.
Una de mis metas en la vida es aprender a tocar el acordeón.
Soy muy cursi, pero generalmente lo escondo.
Nunca he llorado con una película.
Lloro muy seguido.
Como de más cuando estoy triste y realmente me hace sentir mejor.
No me veo en un futuro casada o con hijos.
Me gustaría conocer todos los lugares del mundo que pueda.
Quiero aprender por lo menos dos idiomas más.
Cuando estaba chica mi película favorita era el Rey León y me sabía todos los diálogos.
No puedo estar mucho tiempo en el mismo lugar.
El primer libro que leí en realidad fue uno de Hemingway que mi mamá tiene aún en su librero. Por supuesto no entendí nada.
Tengo la idea más cursi de lo que es el amor. Versión de película de Michel Gondry o novela de García Márquez. Poema de Benedetti, cuento de Cortázar y casi casi llegando a poema de Neruda.
Puedo pasar muchas horas jugando nintendo.
Me gusta mucho hacer origamis pero sólo sé hacer tres figuras diferentes.
No me preocupa el desempleo.
Cuando era niña me gustaba atrapar lagartijas.
Nunca he sido buena cuidando mascotas.
Estoy convencida de que no tengo instinto maternal.
Puedo hablar muchísimo en muy poco tiempo.
Puedo pasar mucho tiempo sin decir nada y no sentirme incómoda.
Mi risa es muy ruidosa.
Mi caricatura favorita en la primaria era Sailor Moon.
Casi nunca me dan risa los chistes.
No creo en dios, en la magia, en las supersticiones, en los fantasmas ni en los aliens.
Mi nieve favorita es la de café.
Digo cosas sin pensar más seguido de lo que quisiera.
Soy muy rencorosa.
No soy buena cocinera.
Manejo bastante mal.
Suelo contar las historias más de una vez.
Me gustan las cosas espontáneas. No soy buena para planear demasiado las cosas.
Confío demasiado en la gente.
Si tuvieran que ponerme una etiqueta creo que sería "ñoña".
Me molesta tener que esperar.
Me gusta mucho emborracharme.
Creo que los tacones los inventó el diablo mismo.
Cuando manejo (sobre todo en carretera) mi actividad favorita es cantar a todo volumen.
Puedo oír la misma canción muchas veces seguidas.
No me enojo muy fácilmente.
El orgullo me parece una de las cosas más imbéciles que existen.
Odio los monos de peluche.
Me gusta mucho comprar discos.
Soy muy buena para ahorrar.
Tengo muy poca paciencia.
Me da asco la langosta.
Digo muchas groserias.
Las sorpresas me hacen muy feliz.
Me encanta llenar cada espacio de mi tiempo.
Nunca he visto Star Wars.
Sueño despierta todo el tiempo.
No sé terminar las listas de cosas al azar.

jueves 24 de diciembre de 2009

Querido Santa

Pensando en la posibilidad de que todo ese asunto que pasó cuando yo tenía tres años y descubrí los regalos en el closet de mi madre y decidí dejar de creerme el cuento de que había un señor gordo y barbón que vivía en el Polo Norte y cada 25 de diciembre traía regalos nomás porque si. Y bueno, considerando que entre tus amigos se usa eso de plantar evidencia falsa para probar nuestra fé (como dios lo hizo con los fósiles de dinosaurio). Entonces pienso ¿Por qué no escribirte una carta? Esto se me ocurrió hasta hoy, disculpa que no escribiera con anticipación. Además lo pongo aquí y no lo envió a tu correo, lo cual creo que te dará puntos extras de credibilidad. Digo lo del correo, porque en la mañana mi mamá estaba viendo "hoy" y resulta que ahí estabas, dando tu e-mail para que los niños te enviaran sus deseos.
Pero bueno, aquí estoy yo, con mi modesta lista, que espero encuentres fácil de cumplir:

-Quiero un gatito. De preferencia gris o negro con manchas blancas. Entre más peludo esté, mejor.

-Quiero el Final Cut.

-Quiero el After Effects.

-Quiero una memoria externa.

-Quiero una cartera de Rilakkuma.

Y ya, básicamente es todo. Están en orden de importancia, así que si piensas que es demasiado, puedes ir eliminando puntos de abajo hacia arriba hasta que se ajuste a tu presupuesto.

También se aceptan libros, discos y películas. Si en verdad todo lo ves, debes conocer mis gustos.

Gracias adelantadas (para hacer presión) y...

¡Feliz navidad!

viernes 18 de diciembre de 2009

El espejo que no podía dormir

Había una vez un espejo de mano que cuando se quedaba solo y nadie se veía en él se sentía de lo peor, como que no existía, y quizá tenía razón; pero los otros espejos se burlaban de él, y cuando por las noches los guardaban en el mismo cajón del tocador dormían a pierna suelta satisfechos, ajenos a la preocupación del neurótico.

-Augusto Monterroso

Este inútil espacio, ya no me sirve de nada. Este útil espacio, ya no lo puedo usar. Se ha instalado tanto en la realidad, que lo mágico se ha perdido para siempre -si es que alguna vez tuvo algo de mágico- porque la vida real y sus personajes, que me ven la cara cruzando el pasillo, a unos cuantos pasos, a unos cuantos metros; que pueden oír mi voz cuando gusten, que pueden sentir mi respiración, mis manos, esos personajes, pueden ver las dos partes cuando no deberían. Les comparto mi realidad. Pero cometí el error de compartir la otra parte y ahora ya no es mía sino de todos y algo se debe uno, porque si no nos damos un espacio quién nos lo da. Les di todo. Y ahora no me queda ni un rincón donde esconderme. Ni un centímetro cuadrado para mi. Ni un poco de aire para respirar.

Nunca des ni todo ni nada. Hay que saber racionar, o en el invierno te mueres de frío.

-Yo


miércoles 9 de diciembre de 2009

Ruta Reforma-Centro

Recuerdo esos viajes al centro acompañando a mi abuela a que cobrara sus tejidos en las pequeñas fondas y en los bares y cantinas. Saliendo de la casa se no cruzaba la gata negra que nunca tuvo nombre, pero si miles de gatitos.
En esos viajes aprendí la palabra "restaurante", para mi total desconcierto al volverla a escuchar en películas y en televisión, con un significado y apariencia completamente diferentes.
Cundo era el turno de cobrar en los bares, yo esperaba afuera, porque a una niña de cuatro años no se le perdió nada en un bar. Me quedaba parada en la puerta, imaginándome una gran fiesta, aunque fueran las diez de la mañana. Aunque probablemente lo que en verdad había tras esas puertas llenas de luces y misterio, era algún borracho dormido sobre una mesa, y dos o tres putas barriendo el lugar y limpiando la barra.
Después de eso, íbamos a comer a algún lugar en donde le debieran dinero a mi abuela. Muy lista. Personas que en verdad no planeaban pagarle, pero que al traer la cuenta del desayuno terminaban borrando sus deudas.
Después venía el camino de regreso en el camión. La parte más emocionante del viaje.
Recuerdo recorrer cada uno de los sillones en busca del tesoro que siempre estaba ahí esperándome.
Primero fueron cinco pesos, y no me atreví a moverme de mi asiento. Veía a los demás, vacíos, llamándome. Después encontré más dinero y decidí que si mi asiento era tan generoso conmigo, ¿por qué los demás no? Terminó como un ritual en el que recorría cada uno de los lugares libres hasta juntar una suma que muchas veces superaba la que había cobrado mi abuela ese día con sus tejidos. Una vez incluso pude pagar por los ingredientes de un espagueti con crema y tomate. Me sentí tan autosuficiente. La primera comida que pagaba de mi bolsillo sin que éste hubiera sido llenado por mi madre u otro familiar. Había sido llenado por completos (y descuidados) desconocidos. Aunque en esos momentos no viera rostros en la procedencia de esas monedas sino una feliz suerte de tesoro designado especialmente para mi, esperando a ser descubierto. Esperándome a mi. En un viaje que es lo más cercano a creer en la suerte o en los milagros o en los tesoros escondidos. Sólo para mi.

sábado 28 de noviembre de 2009

Vacacio... wait.

Érase una vez una niña que trabajaba mucho y estaba a dos días de salir de vacaciones. Érase una vez un cuerpo vengativo que no estaba nada feliz con lo que le fue exigido durante los anteriores seis meses.

Érase una vez una caja de pañuelos, pastillas, té, jugos y agua, mucha agua.

Érase una vez un cuarto, una cama y cobijas.

Érase una vez cero alcohol y cero fiestas.

Érase una vez el peor inicio de vacaciones ever.

Fin.


domingo 22 de noviembre de 2009

Good times for a change

He estado revisando los últimos post y me deprimí demasiado. He estado escribiendo puras cosas tristes/feas/molestas.

Y digo: ¡Basta!.

Voy a empezar a escribir cosas felices y bonitas, como por ejemplo: conejito.

Ah si, esta es mi última semana de clases. Trabajos finales por cuatro días (porque decidí no hacerlos con tiempo como cualquier persona normal) y ya es TO-DO.


Vacaciones (otra cosa bonita para decir).

Hoy me compré una camiseta de Hello Kitty. No sólo Hello Kitty, sino Hello Kitty sobre un cupcake.

¿Ven? cosas bonitas.

martes 17 de noviembre de 2009

.

El mundo está lleno de gente ciega. Gente que mira sin mirar. Voltean y posan sus ojos sobre ti pero no te ven. Se quedan ahí, pensando en otra cosa o no pensando nada. Con los ojos dirigidos hacia ti, completamente vacíos, muertos. Esa gente dejó de ver hace mucho tiempo. Y realmente no les interesa volver a hacerlo. Estoy convencida que ni siquiera lo notan. Van como autómatas ciegos y sordos. Vacíos por dentro. Llenos de órganos y sangre y huesos pero vacíos. Ven pero no miran. Oyen pero no escuchan. Comen sólo para seguir con sus vidas planas haciendo lo mismo un día tras otro, un minuto tras otro. Comen para cagar. Para comer otra vez. Y no piensan ni sienten ni les interesa comenzar a hacerlo. La superficialidad ha alcanzado un nuevo nivel. Son todos cascarones ambulantes. Cascarones huecos, o en el mejor de los casos, de huevos podridos.
Cuando algo lindo pasa no lo registran. Cuando alguien dice algo valioso no significa nada.
Tan mecánicos. Tan poco humanos.

Tengo tantas ganas de ver los colores, de oír cada nota, de cambiarme de planeta.

jueves 29 de octubre de 2009

...

Mis dedos no fueron hechos para los anillos. Tal vez no les gustan las ataduras. Tal vez tienen miedo al compromiso. Tal vez. Lo cierto es que cuando me atrevo a ponerme uno, tengo que estarlo cambiando constantemente de dedo o comienzo a sentir malestar físico. Tanto tiempo deseé un anillo. Quizás no tanto, pero lo quise y eso es suficiente para que la espera que sea parezca más larga de lo que es. El caso es que ahora no sé dónde ponerlo para que no me estorbe. Es un anillo lindo. Es un anillo raro. Es un anillo especial. Al principio pensé que me acostumbraría con el tiempo a ese constante recordatorio de que lo traigo puesto. Pero no. O tal vez no ha pasado lo suficiente, aunque parece más por el sentimiento de molestia. Maldita tendencia del tiempo por alargarse en los momentos más incómodos y desvanecerse en los más satisfactorios.

Me gusta ver mis manos y que esté ahí. Me gusta verlo y que la gente lo note y me lo diga. Pero por la noches, cuando me voy a dormir, viene ese instante de liberación en que lo pongo en la mesa o junto a la cama e instantáneamente soy yo. Soy libre y mis manos y mis dedos no tienen que seguir la infinita pelea de quién carga el peso esta vez. Y al mismo tiempo, en el constante cambiar de lugar, el portador abandonado siente esa especie de vacío de lo que estuvo y ya no está. Es un alivio y un echar de menos simultáneo. Queda el fantasma del anillo y ya no es lo mismo de antes. Lo quiero y ya no lo quiero.

Quién entiende a las mujeres, a los hombres, a los dedos y a la joyería.

Todo es absurdo e incomprensible.

sábado 3 de octubre de 2009

Feel like shit

Me he estado sintiendo un poco de la mierda últimamente.
Nada me emociona del todo (o ni un poco).
Las clases son las peores de toda la carrera (y mira que tienen buena competencia).
No estoy conforme con nada, sólo pienso en irme lejos de aquí, por más cliché que suene.
Estoy muy cansada.

Con todo y la opinión que tengo de los psicólogos, comenzaré a ir con uno.

Y para colmo de las cosas, no puedo concentrarme. No leo, no escribo (he aquí el pretexto de por qué esta cosa está tan abandonada).

Quisiera que las personas tuviéramos un botón como el de la computadora. Sleep. Luego regreso como si nada hubiera pasado. Pero ahora, sleep.

Oh si, ¡mamá!, ya se qué quiero ser cuando sea grande:
Quiero editar video. ¿Televisión?, ¿cortos?, ¿spots?, ¿documentales?, ¿películas?. No lo sé aún, pero ya es un gran gran paso.

Es lo único que está medio derecho en mi vida. Todo lo demás, tiene la esquina rota, como la primavera de Benedetti. ¿Será porque esté año me salté tres primaveras?.
Ok, random enough.

Me voy a dormir.

viernes 11 de septiembre de 2009

Volví...

...En forma de fichas.
Ok, después del "chiste" más usado del mundo, les aviso a ustedes queridos amigos imaginarios, que por fin tengo internet en mi casa (de hecho en todos lados, es de ese de usb) y por fin podré escribir o al menos intentarlo porque eso de escribir de día por algún extraño motivo no me sale.

Como últimas noticias:

-Estoy muy cansada.
-Me metí a capoeira de nuevo, en el taller de la universidad.
-También me metí a piano otra vez, intento sacar winter moon después de seis meses sin tocar nada de nada y teniendo sólo seis meses de experiencia, ja.
-El programa va saliendo, esta vez soy directora y editora, lo que no significa nada más que morir de sobre carga de trabajo.
-Hago cupcakes muy bonitos con una amiga de la universidad. Es mucho trabajo y gano como 30 pesos al día. Pero son muy bonitos.
-Nos darán un taller de Final Cut para empezar a editar como se debe y no andar jugando a que le sé a la Mac.
-No me gusta casi ninguna de mis clases, sólo tele. Estoy aprendiendo mucho y es muy divertido.
-¿Ya comenté que estoy muy cansada?.

viernes 4 de septiembre de 2009

Claustrofobia

Las cosas que realmente te cambian la vida son pequeñas. Chiquititas. Casi se podría decir que insignificantes. Un paso en otra dirección y no suceden. Agacharse a levantar una ramita y no suceden. Se van.
Pero pasan, contra toda lógica y secuencia de eventos. Pasan tan rápido que tardas un buen tiempo en darte cuenta que una cosa tan pequeña hizo un cambio tan drástico en ti.
Y entonces, cuando las cosas no son "como antes", "como siempre", "como estoy acostumbrada", o peor aún, cuando lo son, vienen las molestias. Profundas molestias de estar atorada haciendo lo mismo, de la misma forma y en el mismo espacio y tiempo.
Mismo mismo mismo. Igual igual igual.
Me asfixio, me ahogo.
Quiero dar el paso correcto, detenerme en el segundo preciso para que me alcance esa insignificante situación, esa que me regrese al cuerpo el pedacito que no sé en qué momento se me perdió.
Porque de eso estoy segura, se me perdió algo. Y aunque al principio apenas lo notaba y pensé que se me iría pasando con el tiempo, cada vez siento que esa partícula era la parte más importante de mi, la más necesaria.
Y la quiero de vuelta.

jueves 27 de agosto de 2009

M.

Yo tuve un gato una vez. Su nombre era Napoleón Mostaza, por asuntos diplomáticos de decisión de nombres. Algunas personas lo llamaban "balls", por la parte evidente de su cuerpo que resaltaba del resto. Yo le decía gato. Él me decía miau.
Era siamés. Le faltaba un pedazo de cola, nunca me contó por qué. Tenía una especie de lunar café en uno de los costados.
El día que llegó a la casa en una caja de madera que anunciaba "frágil", lo vi asomarse por primera vez, asustado por llegar a un lugar desconocido, para después volver a meterse a la caja que debió parecerle más agradable que mi sillón (que tiene un record mundial de incomodidad). Mi madre sólo preguntó por las pastillas para la alergia, pero dejó que se quedara.
Al principio me lo traje a Tijuana a vivir en el departamento, cuando vivía con un amigo. Se portaba bien. Cuando veíamos películas se quedaba viendo con atención y después de observar algún personaje por un rato, intentaba atraparlo con la pata. Se confundía mucho cuando chocaba contra el vidrio de la televisión y los pequeños personajes se le escapaban de las patas. Pero no se rendía, se quedaba mirando y después de un rato volvía a intentarlo.
Por las noches dormía en mis pies, hasta que comenzó un molesto ritual que terminó por expulsarlo del departamento: dormía tranquilamente durante casi toda la noche, pero aproximádamente a las cinco de la mañana, se mudaba a mi cabeza y comenzaba a rascarme con las uñas afiladas. Después de esto lo sacaba al pasillo y cerraba la puerta, lo que ocasionaba una interminable serenata de reclamos en idioma gato. Esta serenata no era muy bien recibida por mi compañero de casa, por lo que se acordó que el señor Napoleón Mostaza sería trasladado de sucursal hogareña a Ensenada.
Me extrañaba mucho. Cuando volvía los fines de semana me abrazaba una pierna y se tiraba a maullarme algo que supongo serían reclamos de abandono. Después cuando me acostaba en el cuarto de mi mamá (al cual no tenía permitido el acceso), se paraba en el marco de la puerta a pedirme que saliera del lugar prohibido, hasta que me cambiaba a mi cama y él se acostaba conmigo.
Estaba mejor en Ensenada porque era libre y tenía mucho espacio, aunque lo extrañaba mucho toda la semana.
Un día se fue.
Me puse muy triste.
Dos semanas después volvió.
Fuí muy feliz.
El proceso se repitió varias veces con espacios de desaparición cada vez más grandes hasta el último que aún no termina.

Estoy pensando seriamente en secuestrar uno de los gatos que viven frente a mi departamento y subirlo a mi balcón.

Una vez tuve un gato. Tendré uno de nuevo.